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Nueva edición de este clásico imperecedero..
Estos tres Cuentos de una abuela no sólo reivindican a través de sus protagonistas –todas niñas– la igualdad entre los sexos y, por extensión, entre todos los seres humanos, sino también unos derechos del niño que muestran a los adultos la necesidad de enriquecer, fomentar y madurar las cualidades propias de la infancia: curiosidad, espontaneidad, creatividad, imaginación, ausencia de prejuicios o capacidad de aprendizaje a partir de la experiencia propia y ajena.
La autora, Aurore Dupin, nació en París en 1804 y desde muy joven, en parte gracias a su esmerada educación, se reveló como una persona inteligente, curiosa, creativa, inconformista y con grandes dotes para la música, la pintura y, sobre todo, para la literatura. Fue una escritora extraordinariamente prolífica, ya que a sus numerosas novelas y obras teatrales hay que añadir las colaboraciones en prensa y una abundantísima correspondencia.
Su dedicación a la escritura no le impidió llevar una vida de auténtica heroína romántica, apasionada en sus intensas relaciones sentimentales y comprometida en sus convicciones políticas y artísticas, así como con su propio sexo, del que siempre se enorgulleció a pesar de haber adoptado un seudónimo masculino.
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George Sand, seudónimo de Aurora Dupin (1804 – 1876), gracias a su esmerada educación, se reveló desde muy joven como una persona inteligente, curiosa, creativa, inconformista y con grandes dotes para la música, la pintura y, sobre todo, para la literatura. Escritora extraordinariamente prolífica, a sus numerosas novelas y obras teatrales hay que añadir las colaboraciones en prensa y una abundantísima correspondencia.
Su dedicación a la escritura no le impidió llevar una vida de auténtica heroína romántica, apasionada en sus intensas relaciones sentimentales y comprometida en sus convicciones políticas y artísticas, así como con su propio sexo, del que siempre se enorgulleció a pesar de haber adoptado un seudónimo masculino. Tuvo relaciones con Alfred de Musset y con Frédéric Chopin, y con este último pasó el invierno de 1838-39 junto a sus hijos en la Cartuja de Valldemosa, Mallorca, España.